miércoles, 2 de noviembre de 2016

Día XXVIII. 25.11.2015: Hospital da Condesa > Sarria (33.7 Km);...y otra vez, adiós Ainhoa.



  ...Lo dejaremos en día nefasto: Ainhoa de nuevo se vio obligada a abandonar  el Camino y decirnos adiós de nuevo.   En fin, ahora a lo que fue el día, y esos casi treinta y cuatro kilómetros hasta Sarria.


Hospital de Condesa.
  Con los primeros rayos del sol salimos del albergue de Hospital da Condesa. La sensación era extraña y tenía que ver con que  Roy y yo habíamos sido las únicas personas que habían dormido bajo su techo. Es un tema  de lo que no te había hablado todavía. Y es que en la mayoría de albergues, los huéspedes pasan la noche sin ningún responsable del establecimiento. Es de imaginar que nada va a pasar;...o eso se espera,  y que a nadie se le va a ocurrir hacer alguna tontería. Especialmente porque te fichan nada más entrar, claro.
 



  Con un frío que cortaba el ambiente, fruto de la nieve acumulada en las cumbres de nuestro alrededor, y abriéndonos paso entre la niebla, caminamos dirección al Alto do Poio, el lugar en donde teníamos que  recoger a Ainhoa y, de paso, tomar un bocado. Como se deduce de su denominación, "Alto do Poio", para llegar al sitio en cuestión, tuvimos que afrontar un buen repecho, algo que nos sirvió para entrar en calor por la vía rápida. La jornada en sí, y salvo alguna que otra cuesta, consistió en continuar con el descenso que comenzamos ayer en O Cebreiro.


  Una vez que habíamos contactado con Ainhoa, y cuando nos dispusimos a marchar del albergue, aconteció la anécdota del día, y sin duda, una a destacar cuando acabe esta aventura. Veréis, como es habitual, antes de retomar la ruta hicimos la pertinaz visita a los aseos del establecimiento, observé que Roy abrió la puerta de los servicios masculinos, se asomó, y algo perplejo se dispuso a entrar en los aseos femeninos. Su acción me dejó algo dubitativo, pero pronto pude despejar la incógnita. Resulta, que lo que había allí, detrás de aquella puerta, no era un clásico y habitual inodoro, si no una "placa turca"; un artefacto que seguramente Roy no había visto en su vida, y que yo imaginaba ya en extinción.   Tendría que haberle hecho una foto a aquello, aunque hubiese sido una imagen un tanto escatológica aquí, aunque pensándolo bien, no hubiese estado de más exponerla con ese "pie de foto" haciendo referencia a esas dos "huellas de astronauta" a ambos lados de aquel agujero en el suelo, cuya colocación allí, estimo que se haría un poco después de que los romanos abandonaran la península ibérica.                



   Se dice que en Galicia no se recorre un kilómetro seguido sin cambiar de pueblo. Para que sirva  de referencia, se considera que prácticamente la mitad de todos los núcleos urbanos de España se encuentran en la Comunidad Autónoma de Galicia, pudiendo enlazar casi, una localidad con otra visualmente. Los pueblos se organizan por concellos, que a su vez, se dividen en parroquias o aldeas, a modo de pequeños grupos de casas al borde del Camino.



Ermita de San Pedro, o de Los Abedules,
 en O Biduedo. Tricastela  (W.D).
    En nuestro paso por O Biduedo, una aldea  del concello de Triacastela, tuvimos la oportunidad de pasar por la puerta de  su ermita de San Pedro, también conocida por los lugareños, como la de Los Abedules. Es un templo que se construryó en el siglo XIII, y que resulta ser  el más pequeño de todo el trazado Francés, con una superficie aproximada de unos 50m². Aunque echando la vista atrás y recordando la capilla de San Sebastián de Riego de Ambrós, metro cuadrado  arriba, metro cuadrado abajo, ahí deben de andar.




Fillobal  Tricastela (W.D.).
   La ausencia de bares abiertos nos llevó a recorrer  de un tirón unos quince kilómetros hasta Triacastela, en donde le rendimos cuentas a un buen bocata. Anduvimos prácticamente todo el tiempo en torno a la carretera LU-633, la cual fuimos cruzando de un lado a otro  a lo largo de las  villas de:A Balsa, San Xil, Montan, Fontearcuda, Furela, Pintin, Calvor, y San Memede del Camino.




Ramil (IW.D.).



  Al salir de Tricastela teníamos dos direcciones alternativas: bien tomar hacia la izquierda para ir por Samos, un lugar  conocido especialmente por la importancia de su monasterio benedictino. O hacerlo  por un desvío a la derecha que nos conducía por San Xil, que a pesar de contar con alguna que otra pequeña cuesta intermedia, tenía al rededor de seis kilómetros menos de distancia, por lo que la cosa estaba clara,...por San Xil. Ahora bien,  si tu opción es la de echar por Samos, y i tienes la posibilidad de llegar a una hora prudente para comer, decirte que según sales de Samos, a mano izquierda queda un restaurante que preparan un churrasco que son palabras mayores.  Después, si el estómago te lo permite, puedes visitar su monasterio benedictino de San Julián. Una Abadía fundada hacia el siglo VI, de la que ya se hace mención en documentos datados en el año  665, que a pesar de del paso del tiempo, y un incendio en 1951, no se encuentra en mal estado.



San Xil (W.D.)
  ....Y tan claro que estuvo lo de tirar por San Xil,  pues a lo largo de esos casi treinta y cuatro kilómetros sólo encontramos operativo ese bar de Tricastela, con lo que la jornada se convirtió en una historia interminable. A estas alturas de San Xil el teléfono de Ainhoa sonó, y al otro lado una oferta de trabajo para empezar,..¡¡¡.MAÑANA!!!, echaba abajo su deseo de acompañarnos a Santiago, y evidentemente no están las cosas como para rechazar  un empleo. De nuevo...Goodbye a la donostierra.



El Bosque animado.



    Afortunadamente para nosotros la carencia de bares se "compensó" con un entorno inigualable. Un paisaje que nos retrotraía a aquellos días de nuestro paso  por Navarra, atravesando bosques silenciosos, y un sin fin de aldeas misteriosas en las que no nos topábamos con nadie. Por instantes creía encontrarme en el interior de la película "El bosque animado", un film  rodado aquí en Galicia  que refleja fielmente el escenario de hoy, en el que únicamente faltó que nos hubiese atracado su bandido Fendetestas y nos hubiésemos cruzado la Santa Compaña. Dicho sea de paso,  una película muy recomendable.



   Y sí, por fin a eso de las 16:30h, a unos dos kilómetros de Sarria,  a la izquierda de esa LU-633, un camarero detrás de una barra al otro lado de un cristal nos daba a entender que aquel  cartel en el que ponía  "LUSCOFUSCO" no se trataba de ningún espejismo: !!Ooooh!!...un bar abierto, ¡¡¡¡CERVEZA FRESCA!!!!. ¿Cómo era aquello, Roy?...TWO BEER!!



Iglesia de Santa Mariña, Sarria.


  Para instalarnos nos inclinamos por el  albergue privado O Durmiñento, situado en su Rúa Maior, que a pesar de tener ya unos años, disponía de unas instalaciones aceptables y  habitaciones para cuatro personas que lo hacían todavía más cómodo. El establecimiento se encontraba en obras, por lo que tengo que entender que dentro de unos meses estará aún mejor. Si le tengo que ponerle un "pero", sólo destacar que por las noches tiene "toque de queda". Es decir, antes de las 22:00h tuvimos que estar tras sus puertas si no queríamos dormir al raso. Con respecto a esa Rúa Maior en la que se situa, resaltar que es un punto habitual de encuentro de multitud de Almas Errantes venidas de todo el mundo para dar en ella sus primer paso hacia la capital compostelana; una auténtica torre de Babel. Y es que, los alrededor de ciento once kilómetros que hay entre Sarria y Santiago, hacen que estas últimas etapas del Camino Francés sean las escogidas por un mayor número de personas, debido a que para obtener la acreditación de la Compostela se requiere completar a pie al menos cien kilómetros del trazado. Si a eso además le sumamos el paisaje y la gastronomía de la zona, advertiré que sobran las palabras.




  Tanto en el bar que cenamos, como en el albergue, hemos coincidido con Brian y Giulia, quien por lo visto lleva aquí tres días poniendo sus pies a punto,  pero algo me dice que de aquí a Santiago va a verse en la necesidad de avanzar algún que otro tramo sobre cuatro ruedas.


  Seguiremos hablando.

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